En una semana en la que a Carlo Ancelotti se le preguntado varias veces por la diferencia de fútbol entre el Barcelona y Real Madrid (“No me molesta que digan que el Barça juega mejor que el Madrid”), el fútbol regresó al Santiago Bernabéu para que la propia afición, al final esto es para ellos, explicase qué es realmente lo que les gusta. Y la respuesta es fácil, al Madrid le gusta que la misión no sea fácil y que el partido tenga un poco de todo… y mucha locura.
Para cumplir ese objetivo, la creación de la montaña rusa de emociones y sentimientos encontrados, el mejor hombre que tiene la plantilla blanca es Antonio ‘el loco’ Rüdiger. El central alemán entró en la prórroga para desatar el caos y dar descanso a Alaba… y el plan de Carlo salió a la perfección para dar el pase a la final al Madrid. Un centro botado con maestría por Arda Güler, ejecutó una asistencia parecida con Turquía durante el parón, sirvió para que Rüdiger entrase con todo al área pequeña, superase a todos en el vuelo y firmase el 4-4 que daba el pase al club blanco.