Esta madrugada, el cielo ofrecerá un espectáculo celeste hipnótico: la luna llena de sangre. Este fenómeno, que ha intrigado a la humanidad desde la antigüedad, ocurre cuando la Tierra se interpone entre el Sol y la Luna, sumergiéndola en su sombra y dotándola de un tono carmesí.
Su atractivo va más allá de la ciencia. A lo largo de la historia, este evento ha sido objeto de mitos, supersticiones y augurios apocalípticos en diferentes culturas. Sin embargo, su verdadera explicación radica en la interacción de la luz con la atmósfera terrestre. Un fenómeno óptico que también tiñe de rojo el amanecer y el ocaso.
La luna llena de sangre no es más que el resultado de un eclipse lunar total. Esto es un evento astronómico que ocurre cuando el alineamiento entre el Sol, la Tierra y la Luna es perfecto. Al quedar nuestro satélite inmerso en la sombra de la Tierra, la luz solar deja de alcanzarlo directamente.
Sin embargo, no desaparece en la penumbra absoluta. En su lugar, la Luna se tiñe de tonos rojizos debido a un fenómeno llamado dispersión de Rayleigh. El mismo fenómeno que dota a los atardeceres de su característico resplandor anaranjado.
La atmósfera de la Tierra actúa como un filtro, dispersando las longitudes de onda más cortas de la luz y dejando pasar solo los tonos cálidos, que se refractan y alcanzan la superficie lunar.
Desde la antigüedad, la humanidad ha observado la luna llena de sangre con una mezcla de asombro y temor. En la antigua Mesopotamia, se interpretaba como una advertencia de los dioses. En cambio, algunas tribus nativas americanas lo asociaban con ciclos de renovación y transformación espiritual.
La Europa medieval veía estos eclipses como augurios de desastres naturales, guerras o crisis. La literatura y el cine contemporáneo han perpetuado su aura de misterio, utilizándola como símbolo de cambio, oscuridad o presagios sobrenaturales.
VÍDEO: Todo sobre el eclipse lunar de marzo de 2025
A diferencia de los eclipses solares, que requieren medidas de protección ocular, la luna llena de sangre puede contemplarse sin riesgo a simple vista. Para una observación óptima, es recomendable alejarse de la contaminación lumínica de las ciudades y buscar un lugar con un horizonte despejado.
Si el objetivo es capturar el fenómeno con una cámara, resulta esencial usar un trípode para evitar movimientos indeseados y ajustar los parámetros de la exposición. Modificar el balance de blancos permitirá obtener imágenes más fieles al tono rojizo de la Luna.
Más allá de la técnica fotográfica, la verdadera magia reside en la experiencia de observar un evento que ha fascinado a generaciones y seguirá despertando admiración en el futuro.