Demasiados errores en el Madrid, demasiados. Hasta el punto de que el Bernabéu se enfadó como pocas veces. No le gustó su equipo y, sobre todo, no le gustó su actitud. En el minuto 81 estaba fuera de la Copa, que se dice pronto. Después, la película que ya se ha visto muchas veces en el Bernabéu, con un Madrid al que le va la épica más que a un tonto una tiza. Pero no jugó bien. De hecho, jugó bastante mal. Uno de sus peores partidos esta temporesta temporada. Jugó como si se sintiera ganador desde el principio.
La Real Sociedad tuvo más fe, creyó más en la victoria, sobre todo cuando se adelantó en el marcador. En ese momento supo que la sorpresa estaba a su alcance. De hecho, hace cinco años eliminó al Real Madrid con un resultado semejante (3-4). Además, tenía motivos más que suficientes para creérselo porque el Madrid daba muchas facilidades atrás, donde sólo se salvaba Asencio.
No acertó Ancelotti poniendo a Camavinga de lateral. Take Kubo se ensañó con él. Tampoco acertó con Alaba, al margen de que dos de los goles donostiarras llevasen su firma. Tampoco Lucas Vázquez estaba fino. Tampoco estaban los de arriba, aunque Vinícius destacó más por sus asistencias que por sus desbordes. Y tampoco se entiende que uno de los primeros cambios fuera el de Endrick, que se mostró más peligroso que Rodrygo. Marcó un gran gol y pudo hacer el 1-0 en una chilena que de haber sido gol habría abierto los telediarios de medio mundo.
Total, que con una gran dosis de fortuna (Remiro, que hizo buenas paradas, se tragó el gol que daba pie a la prórroga) se terminó clasificando el Madrid para la final de esta Copa a la que no parece que le apetezca demasiado llevársela al gaznate. No obstante, de algo le ha de servir a Ancelotti este pobre partido y haber estado al borde de irse a boxes antes de tiempo. Hay jugadores en los que no puede confiar plenamente para irse de copas.
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