La afición del Real Madrid no es famosa por su paciencia ni por su indulgencia. Cuando cree que un jugador no está a la altura, no esconde sus emociones. Da igual cómo se llame. Di Stéfano, Cristiano, Di María, Casillas, Juanito... La lista de estrellas pitadas en Chamartín es tan larga como la historia del club.
“Tenemos la obligación de ganar, no se nos disculpa un fallo, mucho menos una mala tarde. Los equipos forasteros juegan aquí como en su casa. Gritos airados, sobre todo desde la tribuna. Eso contribuye a la desorientación, al fracaso”, contaba en 1933 Manuel Gurruchaga, autor de los primeros goles del Madrid al Valencia en un partido de Liga..
Esa sensación de juicio en casa, de tener a una parte de la grada en su contra, le toca ahora a Vinicius. Ya en partidos anteriores se escucharon algunos silbidos dirigidos al brasileño, pero ante el Valencia esa inquietud de una parte del estadio hacia su ‘7’ se hizo más evidente. Incluso antes del fallo del penalti, ya hubo acciones en las que el carioca no logró superar a su par, y los pitos se disimularon entre murmullos. Tras el lanzamiento detenido por Mamardashvili, ocurrió lo contrario: los silbidos acallaron los murmullos.
Nunca se rinde
Pero Vinicius es indomable. Si ante la Real Sociedad fue el rapapolvo de Ancelotti lo que encendió su juego y lo convirtió en pieza clave para llevar al equipo a la final, en la segunda parte ante el Valencia entró con fuego. Suya fue la arrancada que provocó el saque de esquina del empate. Y ese empate también llevó su firma, con un remate a puerta vacía en el segundo palo. El ‘7’ celebró el gol con rabia. La misma que llevaba acumulada desde el error en el penalti.
Con ese tanto, la cuenta de Vinicius se dispara a 20. Está a solo cuatro de los goles que marcó la temporada pasada. Su curva goleadora crece campaña tras campaña: 4, 5, 6, 22, 23, 24… y ahora, con tantos por delante, parece claro que establecerá una nueva marca.
Con todo, cuando a falta de 13 minutos fue sustituido los pitos volvieron a aparecer. No de forma masiva, pero sí lo suficiente como para dejarse notar.